Seguro que alguna vez has mantenido una conversación por teléfono y, llegados a un nombre, te lo tienen que repetir y hasta deletrear… Y ni así: Consonantes que “casi suenan igual” complican el trabajo de entendimiento hasta el engorro de tener que pedir que te lo deletreen: “S”, de Sevilla, “A” de Albacete, “P” de Pamplona… Y llegamos a la: “B”, dice uno. “¿P?” pregunta el otro... “No, B, B de Burro”… “Esto en persona no pasa”, habrás pensado, porque ver a tu interlocutor amplía y mucho las posibilidades de comunicarte con éxito. Ahora bien: Piensa en las pelis dobladas. Eso de que los labios vayan por un lado y el sonido por otro, ¿afecta a lo que oyes, percibes o entiendes? El llamado efecto McGurk hace que, si ves a un tipo que te dice “ga” pero ves mover sus labios como si dijese “ba”, lo que tú creerás haber oído es, en realidad, “da”. Y si no te lo crees, mira. ;)